“Sé el hombre más fuerte en el funeral de tu padre”
Construyendo un Arca. Parte II Escrito 03
Marcos Joel Cortes
8/30/20262 min read


“Sé el hombre más fuerte en el funeral de tu padre. Es necesario ser fuerte ante la muerte, porque la muerte es parte intrínseca de la vida. Por eso les digo a mis estudiantes: apunten a ser la persona —en el funeral de su padre— en quien todos, en medio de su dolor y su miseria, puedan apoyarse. Esa es una ambición digna y noble: la fuerza frente a la adversidad.” Dr. Jordan Peterson
Una vez escuché que un buen filósofo es aquel que logra articular en palabras contenidos inconscientes que todos compartimos, podríamos llamarlo inconsciente colectivo. Es decir, alguien que pone nombre a ideas que siempre han estado ahí, pero que no sabíamos cómo expresar.
La afirmación de Jordan Peterson sobre ser el hombre más fuerte en el funeral de tu padre resuena profundamente porque toca algo esencial. No es una idea extraña ni ajena; vive, de algún modo, en todos nosotros. Incluso podría decirse que es una idea profundamente bíblica. Proverbios 24:10 lo expresa con claridad:
“Si te desanimas en el día de la adversidad, poca es tu fuerza.”
La idea central es la fuerza frente a la adversidad. Y aquí es donde entra la metáfora del arca: ese barco que debemos construir antes de que llegue la tormenta… o incluso cuando ya está sobre nosotros.
Porque las tragedias y las dificultades no son hipotéticas. Son inminentes. Llegarán.
Ante esa realidad, la tarea es clara: fortalecernos, prepararnos, convertirnos en personas capaces de permanecer firmes cuando todo tiembla. Personas que puedan atravesar de pie el valle de sombra y de muerte. Personas que sean refugio para otros en medio del caos.
Ser nosotros mismos un arca.
Un lugar seguro para nuestra familia.
Un sostén para quienes dependen de nosotros.
Cargando, con responsabilidad y dignidad, la cruz que nos corresponde.
Como seres humanos, estamos constituidos —al menos de manera práctica— por cuerpo, mente y espíritu. Pocos lectores dudarían hoy de que no somos solo materia: también somos conciencia, interioridad, algo que no puede tocarse ni medirse del todo. Aquello que la ciencia aún no logra explicar completamente, pero cuya existencia reconoce.
Por razones de claridad, dividiremos nuestro ser en estas tres dimensiones. Y en esta serie reflexionaremos sobre cómo fortalecernos en cada una de ellas.
La primera que abordaremos, la próxima semana, será el cuerpo. Luego la mente, y finalmente el espíritu.
Exploraremos qué prácticas, disciplinas y hábitos —respaldados tanto por la ciencia como por la fe— no solo nos hacen mejores personas, sino personas más fuertes: resistentes, resilientes, valientes.
Porque ser débil, ingenuo o frágil no es una virtud.
La virtud está en el carácter.
En la templanza.
En el dominio propio.
En aprender a respirar en medio de la tormenta para no ahogarse.
En entrenarse de tal forma que, cuando la mente no sepa qué hacer, el cuerpo y el carácter sigan el patrón que ya fue practicado cientos de veces.
Y esto no es solo por nosotros.
Es por aquellos que dependen de nosotros.
Así que te animo a seguir esta serie de cerca.
Si te comprometes a leerla y a poner en práctica lo que aquí se propone, tu vida puede cambiar de manera profunda.