La mente. Hábitos

Construyendo un Arca. Parte VI Escrito 07

Marcos Cortes

11/1/20262 min read

No podemos controlar el mar, pero sí el timón.

La frase suele atribuirse a Epicteto, quien también enseñó que la fortaleza no proviene de dominar el mundo, sino de gobernarse a uno mismo.

He venido escribiendo estas semanas sobre cómo convertirnos en un lugar de refugio para otros en tiempos difíciles. La semana pasada hablé de la mente y la ansiedad; de cómo orientar nuestra vida hacia una existencia menos dominada por la preocupación constante. Hoy quiero enfocarme en prácticas concretas que nos hacen más estables y, por tanto, más fuertes mentalmente.

El error que alimenta la ansiedad

Una de las mayores fuentes de ansiedad es intentar controlar aquello que está fuera de nuestro alcance.

Cuando enfrentamos un problema, nuestra mente tiende a proyectarse hacia escenarios negativos. Pero muchos de esos escenarios no dependen de nuestras decisiones.

Abordar un problema de manera eficaz implica preguntarnos:

¿Qué está hoy en mis manos para obtener el mejor resultado posible?

Lo que no depende de nosotros debe soltarse. Sin embargo, solemos hacer lo contrario: nos obsesionamos con lo incontrolable y descuidamos aquello que sí podemos ordenar.

La ansiedad gana terreno cuando queremos gobernar el océano completo en lugar de sostener el timón.

Un ejercicio sencillo, pero efectivo

Una práctica que suelo recomendar es tomar una hoja de papel y dividirla en dos columnas:

  • En una, escribir aquello que puedo controlar.

  • En la otra, aquello que no depende de mí.

    Solo ese acto ya ordena la mente. Nos obliga a distinguir entre acción y resignación sabia. Entre responsabilidad y obsesión.

Los pensamientos son aves

Los pensamientos vuelan como pájaros por nuestra mente.
No pueden hacer nido a menos que se lo permitamos.

Psicológicamente hablando, la mente necesita:

  • Rutina

  • Estructura

  • Ejercicio físico

  • Ritual

  • Reflexión

  • Conversaciones profundas

  • Integración social

  • Silencio

El ejercicio físico, por ejemplo, estimula la liberación de endorfinas y neurotransmisores que regulan el estado de ánimo. El cuerpo y la mente no están separados: lo que haces con uno, impacta al otro.

La cultura actual —consumo digital excesivo, aislamiento, superficialidad— ha erosionado muchos de estos fundamentos. El resultado: ansiedad, depresión y una profunda sensación de falta de sentido.

No porque la mente sea débil.
Sino porque ha sido descuidada.

Construir el Arca mental

Aquí algunas prácticas que fortalecen tu estabilidad interior:

1. Rutina y estructura

Levántate y acuéstate a la misma hora.
Regular tu reloj biológico es el fundamento de tu estabilidad emocional.

2. Movimiento

Camina. Trota. Haz pesas.
Empieza pequeño, pero empieza. El cuerpo en movimiento estabiliza la mente.

3. Alimentación consciente

Reduce ultraprocesados, exceso de azúcar y aceites refinados.
Estos alimentos te inflaman y esto afecta tu estado emocional.

4. Visión y propósito

Escribe tu visión de vida.
La mente necesita dirección, no solo entretenimiento.

5. Comunidad

Habla con amigos. Comparte.
El aislamiento debilita la psique.

6. Espiritualidad

Oración. Meditación. Respiración.
Un momento diario que trascienda lo inmediato.

7. Pausa antes de reaccionar

Pensar antes de actuar es disciplina mental.

8. Gratitud en lugar de queja

La queja perpetúa impotencia.
La gratitud entrena percepción.

9. Alimentar la mente con verdad

Menos ruido. Más contenido que edifique.

10. Tiempo diario con los tuyos

La conexión humana es regulación emocional.

Construir un Arca no es escapar del mundo.
Es prepararse para navegarlo.

No puedes controlar el mar.

Pero sí puedes fortalecer tus manos sobre el timón.

Nos leemos la próxima semana.


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