El cuerpo como responsabilidad.
Construyendo un Arca. Parte IV Escrito 07
Marcos Joel Cortes
11/2/20262 min read


La semana pasada hablamos del cuerpo físico. Estamos en medio de una serie llamada Construyendo un Arca, una reflexión sobre cómo debemos convertirnos en ese refugio necesario para otros en tiempos de crisis. Por ende, el ser se construye de manera progresiva e integral.
Si el texto anterior hablaba del cuerpo como disciplina personal, hoy quiero avanzar un paso más y hablar del cuerpo como responsabilidad. Porque nuestras decisiones físicas no terminan en nosotros.
Además, las decisiones que tome en cuanto a mi salud no solo determinarán la calidad de mi vida, sino también la de mi familia. Si mis decisiones son irresponsables y solo me enfoco en el placer pasajero, en la satisfacción inmediata a expensas de mi futura salud, no solo soy egoísta con mi propio cuerpo, sino con mi hijo y mi esposa.
Serán ellos quienes paguen las consecuencias de mis acciones en el futuro. Serán ellos quienes reciban una versión mediocre de mí. Quizá tengan que cuidarme en un hospital o vivir con alguien limitado, incapaz de cargar a su hijo o de ayudar de manera óptima a su familia porque su condición física —producto de la negligencia y malas decisiones— se lo impide.
Por eso, estoicamente hablando, cuidar el cuerpo es cuidar el deber. Y desde la misma Biblia entendemos que “el cuerpo es templo del Espíritu Santo” (1 Corintios 6:19).
Por eso, aquí hay algunos hábitos que personalmente recomiendo, y que nos ayudan a construir un mejor cuerpo y una mejor salud. Nos hacen más fuertes y resistentes para los nuestros.
Construir el Arca corporal significa:
Alimentarte con propósito.
Moverte cada día.
Convertir la fortaleza física en servicio, no en orgullo.
Estos son, básicamente, los principios que aplico.
En lo personal, mi rutina se basa en levantar pesas, correr y practicar calistenia. Acabo de incorporar el BJJ o jiu-jitsu brasileño por una cuestión de defensa personal, un tema al que dedicaré un artículo completo. Pues ¿cómo puedo tener un buen cuerpo o ser fuerte si soy incapaz de proteger a los míos en caso de ser necesario? No hay virtud en ser pacífico si no soy capaz de ser violento. Así también hay otras áreas que considero necesarias. Pero, de manera general, cuando hablo de construir el cuerpo, estos son los hábitos que empleo. Esto requiere estructura.
Es necesaria una rutina clara y ser intencional con tu cuerpo. No puedes esperar el momento, el espacio y el tiempo perfectos, porque nunca llegarán. Debes crearlos.
Como hombre, entiendo que hay algo profundamente masculino en levantar peso, correr largas distancias, volverse fuerte, ágil, resistente y ser peligroso. No para impresionar a otros, sino para demostrarse a uno mismo de qué se es capaz y para proteger. Es ahí donde nace el respeto propio, y este es el más importante de todos los respetos.
Como entendía Séneca, la fortaleza no era solo moral: era la capacidad de soportar, resistir, cargar. Y eso empieza por el cuerpo.
El cuerpo es una escuela de carácter. Si no puedo gobernar mi cuerpo, difícilmente gobernaré mi mente. Si no puedo disciplinar mi carne, mi espiritualidad será solo discurso.
No cuido mi cuerpo por vanidad.
Lo cuido porque otros dependen de mí.
«Es una lástima que un hombre envejezca sin ver la belleza y la fuerza de lo que su cuerpo es capaz de hacer.»
— Sócrates
Nos leemos la próxima semana, donde hablaremos de la mente. Un abrazo.