Cuando la vida no tiene sentido

En honor a Aarón Torres. Escrito 01

Marcos Joel Cortes

8/16/20263 min read

Uno de los argumentos más usados en contra de la existencia de Dios es el sufrimiento. ¿Cómo puede un Dios bueno permitir que cosas malas le pasen al ser humano? Especialmente a los más inocentes: los jóvenes, los niños, aquellos que sufren sin razón aparente. Incluso las vidas más privilegiadas enfrentan temporadas de dolor e injusticia. Cáncer, accidentes, tragedias. Todos conocemos a alguien que está sufriendo en este momento; y si no se te viene nadie a la mente, quizá eres tú quien está atravesando una situación difícil.

Hace apenas unos días nuestra familia perdió a un ser querido: mi cuñado, de solo 17 años, falleció en el hospital después de luchar por su vida durante cinco días tras un accidente de tránsito. En el accidente había varios involucrados, y sin embargo ningún otro perdió la vida. Objetivamente hablando, él era el más inocente, el más joven, el más amable, el más amado. ¿Por qué alguien así, con tantos sueños y aspiraciones —apenas comenzaba a estudiar medicina— pierde la vida de esa manera? No hay respuestas para este tipo de tragedias.

Cada vez que experimento el sufrimiento recuerdo la historia de Job en la Biblia. El texto describe a un hombre justo, recto, aprobado delante de Dios y de los hombres; el arquetipo de lo que todo hombre debería ser. Sin embargo, Job atraviesa la tragedia humana en su máxima expresión: en cuestión de minutos pierde todos sus bienes y a todos sus hijos. Perder a un hijo es devastador; perder a todos no tiene comparación.

Y aun así la historia continúa: Job enferma de lepra y debe vivir un duelo incomprensible mientras soporta un cuerpo lleno de llagas y dolor. Job se convierte así en el símbolo del sufrimiento humano. Aun en medio de este dolor, él no reniega de Dios y reconoce que el sufrimiento no siempre puede entenderse, pero sí puede abrazarse. Su actitud rompe nuestros esquemas. Su esposa incluso le aconseja maldecir a Dios y morir. Pero en medio del caos, Job decide llevar su caso ante Dios, reclamar justicia, y Dios le responde. Lo invita a un encuentro del cual Job no sale siendo el mismo. Allí, en esa conversación, se encuentra con lo divino. La historia parece decirnos que solo en el verdadero sufrimiento encontramos lo trascendente, y que solo abrazando el dolor y la cruz podemos ver a Dios.

Para algunos este argumento puede sonar trágico o incluso masoquista, pero no podemos negar que es verdad: es en los momentos más dolorosos donde nuestra alma se abre a la reflexión y a la transformación. Job escribe: “De oídas te había oído, pero ahora mis ojos te ven”. Es decir, antes de sufrir había escuchado de Dios, pero ahora lo ve cara a cara.

Cuando mi cuñado Aarón partió con Dios, pude ver cómo la familia se unió, reflexionó, se perdonó. Nada de lo que antes parecía importante tuvo lugar. Solo el amor tomó forma entre nosotros. Todas las tragedias tienen el potencial de cambiar al ser humano. Lamentablemente, algunos se vuelven más duros, más fríos, más nihilistas, más rencorosos. Pero quienes abrazan la cruz de manera correcta son transformados

Esa es la verdadera forma de honrar a alguien que ha partido: siendo mejor persona, mejor ser humano, mejor hijo, esposo, amigo.

Aarón, siempre te recordaremos como alguien humilde, risueño y esforzado. Estabas empezando a conocer la disciplina y el trabajo duro, y disfrutabas el proceso de convertirte en un hombre con un gran futuro. No sabemos por qué partiste con Dios tan pronto, pero puedo asegurarte que, después de todo esto, gracias a ti muchos hemos dejado de simplemente escuchar de Dios para empezar a verlo.

Gracias por todo.


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