Construyendo un Arca.
Liderando en medio del caos. Escrito 02
Marcos Joel Cortes
10/11/20263 min read


Para nadie es un secreto que vivimos tiempos difíciles, guerras,frágiles pactos de paz, persecución cristiana, asesinatos, genocidios, una economía global que amenaza con colapsar y la manifestación de ideologías que parecen estar sostenidas sobre un profundo odio y resentimiento que ciegan al individuo, haciéndolo capaz de tener en poco la más sagrada entidad que podemos considerar, imaginar y conceptualizar: la vida humana.
Tal escenario nos lleva a preguntarnos cuál podría ser un refugio, un lugar seguro al que podamos acudir si las cosas empeoran. Escuché en estos días a un gran comediante decir entre bromas que con todo lo que estaba aconteciendo él se estaba preparando para el fin del mundo. Estaba comprando un lugar alejado de la civilización, con animales, comida no perecedera, agua y un búnker. Eso me hizo reflexionar sobre que el sentimiento de temor es global y, como líder y padre de familia, quizá debía considerar lo que él estaba diciendo. Como psicólogo, entiendo también que, más allá de prepararnos para el fin del mundo, debemos prepararnos para la vida porque, independientemente del escenario global, todos vamos a enfrentar tragedias: cáncer, accidentes, muerte. Por ende, prepararnos para los tiempos difíciles es no solamente una meta noble, sino una necesidad. Todos deberíamos aspirar a convertirnos en refugio para otros en tiempos de crisis, ser un ancla en medio de la tormenta, un arca en el diluvio.
Esto me recuerda la historia de Noé en las Sagradas Escrituras. Aunque la conocía desde pequeño, debo admitir que siempre la había interpretado principalmente como un relato de juicio divino: Dios castigando a su creación por la maldad humana. Nunca me había detenido a explorar otras interpretaciones, mucho menos las enseñanzas prácticas que podían encontrarse más allá de aquella lectura centrada en la moralidad y el castigo.
Fue el Dr. Jordan Peterson quien me abrió los ojos a una interpretación que, sin descartar la dimensión teológica del relato, también explora su profundidad psicológica. Lo sorprendente fue descubrir una enseñanza que, una vez comprendida, parecía tan evidente que resultaba difícil creer que nunca antes la hubiera considerado. La vida traerá lluvias. Inevitablemente, también llegarán los diluvios. Y cuando eso ocurra, será demasiado tarde para comenzar a construir el arca. Debemos prepararnos antes de que llegue la tormenta, construir un refugio capaz de resistir el caos y proteger aquello que amamos.
Voilà. ¿Cómo pude escuchar esta historia desde pequeño sin advertir una enseñanza tan sencilla y, al mismo tiempo, tan profundamente práctica?
Fue así como entendí la practicidad de construir un arca para mi familia, pero más que eso, debía convertirme en dicha arca; debía, pues, trabajar en ser un refugio en tiempos de caos. Una persona capaz de soportar los vientos más tormentosos de la vida sin perder el temple ni el rumbo, a quien los demás puedan acudir, pues saben que no se derrumbará. Para tener ese temple, al igual que Noé con el arca, hay que construir, pero en nuestro caso, construir el ser. Que, como dice Peterson, seamos el hombre más fuerte en el funeral de nuestro padre. Para eso, debemos aprovechar cada circunstancia difícil y enfrentarla con los hombros hacia atrás, con la frente en alto y con el espíritu correcto.
Ser un arca es hacernos cargo de nosotros mismos y de los que se supone que seamos responsables. El irresponsable,cómodo, egoísta y mentiroso nunca será refugio para otros en momentos de dificultad. Son aquellos que cargan con las responsabilidades que todos rechazan, los que generan confianza y se convierten en héroes.
La semana que viene empezaré una serie sobre cómo convertirnos en esa arca. Nos leemos la otra semana. Abrazo